Pinocho de Guillermo del Toro, animación hecha a mano
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| Foto vía Twitter |
Comentaba durante una participación en el Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF) que siempre que se piensa en películas animadas, nuestro primer referente es Disney y esas películas que hicieron de nuestra infancia una etapa bonita, otro referente es la Warner Bros y su división de caricaturas, pero generalmente cuando hablamos de animación, muchos lo asocian directo con público infantil y recientemente, este género se abrió a públicos adultos pero siempre con un toque irreverente, sexual y en ocasiones grotesco, lo bueno es que con el paso del tiempo y la evolución de la animación, son más los productos que pueden ser considerados para públicos adultos abordando distintas temáticas que también pueden ser digeridas por los niños en otra escala.
Este acostumbrado preámbulo de su gustado blog, es para entrar de lleno a hablar sobre Pinocchio, específicamente y claro está, la versión del mexicano Guillermo del Toro, de entrada, es difícil encontrar una sola palabra que pueda encerrar el sentir al ver esta película o que siquiera la pueda describir, son demasiadas cosas las que surgen en el cuadro por cuadro de un stop motion hecho a mano, tan cuidado y tan lleno de detalles, que una sola vez no basta para verla, pero bueno, me estoy emocionado a destiempo, hay muchas cosas qué platicar sobre una de las mejores películas del 2022 y que sí le puede plantar cara a Pixar, quien a principios de año, emocionó a todo el mundo con Turning Red.
Más de 15 años, fue lo que tardó Guillermo "Memito" del Toro, para desarrollar una historia tan conmovedora, perfecta hasta en sus imperfecciones, a ratos devastadora, muy aleccionadora, bella en imagen y mensaje, meticulosamente puesta en cuadro por cuadro de una manera que ya quisiera Pixar y que en este momento tiene a medio mundo encantado (hasta al maestro del terror Stephen King) y a Disney algo enojado, les voy a decir por qué, pues esta no fue la única versión que vimos en el 2022 que bien podríamos llamarle, el año de Pinocho; allá por el 2021 se anunciaba un nuevo Live action en los estudios de Mickey Mouse, en otro intento por darle un segundo aire a los clásicos animados, aire que ha resultado en múltiples fracasos.
Robert Zemeckis, llamó de nuevo a su actor fetiche, Tom Hanks, quien después de haber sumado otro éxito a la bolsa con Elvis, en el que cambia los papeles buenos y tiernos por un villanazo; se metía en la piel de Geppetto, el padre que hace a un niño de madera. Desangelada desde el principio, Pinocchio de Disney, no tiene más fondo que el mismo que en su momento encantó y hasta traumó a uno que otro niño cuando se estrenó (1940); de corte musical, está versión live action, no aporta nada, no ofrece nada nuevo y se queda con aquellos live action que han decepcionado a las generaciones que crecimos con los las versiones animadas.
Por las mismas fechas, Guillermo del Toro dijo que haría su propia versión del cuento de Carlo Collodi y que sería Netflix quien la distribuiría, la sola idea de cómo el mexicano más querido, con sus monstruos en El Espinazo del Diablo, El Laberinto del Fauno y La Cumbre Escarlata, iba a aterrizar una historia infantil, llamaba la atención y mucho, lo que nadie nos dijo es que iba a darle un equilibrio entre una historia con la base de la historia que todos conocemos, pero con esa crudeza del relato original que muchos no conocían, no es el típico cuento de hadas, no intenta una inclusión forzada y mucho menos le falta el respeto a la esencia de cada uno de los personajes.
El Pinocho de Memito del Toro, es todo un poema a la animación, una oda al stop motion y un bonito homenaje a temas como el vínculo entre padres e hijos, el viaje de la vida hasta su final y esa dicotomía entre el bien y el mal; en la cinta, la artesanía abraza a la narrativa a veces oscura en un meticuloso stop motion, con marionetas perfectamente diseñadas para cada una de las personalidades que aparecen a cuadro, con sets brutales que hasta se puede sentir la lluvia que empapa a Sebastián J Grillo; y es ahí, cuando te das cuenta de por qué tardaron tanto, por qué Del Toro llamó a Mark Gustafson, para Co dirigir, pues él supervisó la animación del ya clásico de Wes Anderson, Fantástico Mr Fox. Se armó de voces únicas, le dio el protagónico a Ewan McGregor con Sebastian J Grillo e invitó a actorazos como Cate Blanchett, Tilda Swinton,su actor fetiche Ron Perlman, John Turturro y Christoph Waltz para dar vida a los personajes.
Más allá de querer evidenciar que las mentiras no son nada bueno, Pinocho de atreve a abordar otros temas, para empezar se desarrolla en medio de la Italia Fascista, siendo duramente criticada con tan solo una canción; la película explora el lado amable de la muerte, cómo existen vínculos tan fuertes (buenos y malos) entre los padres e hijos, la reinvindicación de un ser a partir de los errores de su pasado, el aceptarse como uno es aunque los demás no, la doble moral de las personas y las pérdidas; Memito del Toro hace a su Pinocho rebelde, contrario a las otras adaptaciones y relato original , pero con el toque del jalisciense que se nota en todo, pero más en las criaturas que salen por ahí, desde el pequeño grillo, hasta la ballena que se come a Geppetto, en una estética que está para Oscar y qué, gracias al tío Netflix, podemos ver en el material extra de detrás de cámaras.
Dicen que cada vez que lees El Principito de Antoine de Saint-Exupéry, encuentras un significado diferente y un sentido nuevo a tu vida, esta versión de Pinocho podría tener el mismo efecto, hay una serie de emociones que pone como sandwiches en la mesa para que cada uno elija el que más le agrade; a Pinocho lo distingue un inicio crudo y un final realista con una de las mejores frase que a alguien se le pudo haber ocurrido y que te hacen enjuagar el ojo con la lágrima, el perfecto final para una película llena de enseñanzas, emociones y nostalgia que fácilmente podría arrebatarle la buena racha a Pixar en los próximos Oscar (I hope so):"Lo que debe pasar, pasa. Y un día ya no estamos”...
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