Succession, una serie shakespearianamente brutal
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| Foto vía: Pinterest |
En 1603 William Shakespeare empezó a escribir "El rey Lear" una de sus principales tragedias que retrataba a un monarca quien reparte su reino entre sus tres hijas: Gonerilda, Regania y Cordelia; para poder descansar en sus últimos días, el soberano de la Gran Bretaña, pone a prueba de sus hijas para que le declaren su afecto, además de abordar la ingratitud filial, también presenta a un hombre que pierde la cordura y que de un momento a otro, empieza a reflejar esa misma locura lo que lo hace todo menos apto para reinar, dos de no tendrán la menor consideración con tal de quedarse con su parte del reino y solo una de ellas le mostrará ese amor filial que necesita.
¿Por qué les cuento todo este preámbulo shakespeariano? Porque es una de las bases que Jesse Armstrong utilizó para crear Succession, la serie que el pasado 28 de mayo, terminó en una perfecta temporada 4, sí, muy poquitas pero muy nutridas, particularmente creo que terminaron justo a tiempo y quizá una temporada 5 habría alargado inecesariamente la historia que cerró con broche de oro, pero vamos por partes, ¿Por qué Succession es una de esas series que se coloca en el Olimpo de los shows gloriosos donde cada capítulo es una obra de arte? Consideré algunos interesantes puntos que explican el valor de esta creación que se merece todos los Emmy y los SAG del próximo año.
Primero hablemos de la historia o argumento: Succession es una comedia dramática que retrata la vida de la millonaria familia Roy, la cabeza de esta familia, Logan, es el responsable de un conglomerado que incluye diversos medios de comunicación, cadenas de cruceros, parques de diversiones y hasta productoras cinematográficas, pero Logan ya es viejo, cumple 80 y es hora de pasar la estafeta a uno de sus 4 hijos, dos de ellos (Kendall y Roman) han trabajado de cerca con él, los otros dos (Connor y Shioban) han decidido dedicarse a otras cosas, pero siempre con el respaldo del apellido y del dinero de los Roy, hasta que llega el momento de elegir un sucesor y los 4 se apuntan (uno que otro de manera involuntaria) a ser tomados en cuenta para ser el o la nueva monarca, ¿Quién de los 4 puede ser el elegido? Ahí comienza una serie de acontecimientos, tramas, intrigas y traiciones que mantienen al espectador pegado a la pantalla; Logan es tan astuto que incluso pone a competir a sus vástagos (como se dice que lo hacía Rupert Murdoch) para ver quién es el mejor.
Más que el dinero, los hermanos están ávidos de poseer el mismo poder que su padre tiene, ser el amo y señor del mundo, capaz de hasta nombrar al próximo presidente de los Estados Unidos, lo malo o lo bueno si lo queremos ver desde el punto de vista del del show, es que cada uno de ellos está totalmente quebrado en términos emocionales, todos tienen un conflicto con su figura paterna y todos harían lo que fuera por tener su poder; eso es el modus operandi de la serie, nos lleva por cuatro temporadas a apostarle a uno de los cuatro (o tres) para ver quién será el sucesor, en algún momento Jesse Armstrong logra que haya rasgos tan característicos que los copadezcamos y sintamos lástima y un poco de empatía para personas que no son buenas.
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| Foto vía: Twitter |
¿Cómo es que Jesse Armstrong hizo para que cada personaje atrapara la atención del mundo y nos quedáramos por cuatro temporadas con los Roy? La respuesta es el extraordinario elenco que reunió, segunda parte fundamental para poner a Succession en la lista de series inolvidables, el creador eligió a Brian Cox como el magnate Logan Roy, hombre de carácter determinante y que fácilmente, Brian, jugaba con él para hacerlo una figura de autoridad, pero también un padre ausente a su modo; hacía sufrir a sus hijos: un mayor Alan Ruck, a quien seguramente recuerdan como uno de los pasajeros del autobús que manejaba Sandra Bullock en "Máxima velocidad", el actor retrata de un modo tan precisa a Connor Roy, un hombre que no tiene oficio ni beneficio, se consigue una novia mucho más joven que él y quiere ser presidente de los Estados Unidos, su mismo padre le llega a decir que es un chiste.
Connor solo quiere la aprobación en todo momento de su papá, contrario a sus otros tres hermanos que están dispuestos a pelear en una lucha encarnizada por el trono y poder de su papá; en una esquina tenemos a Kendall Roy interpretado por Jeremy Strong, quien tiene un pie en el reinado de Logan, pero que debe de lidiar con sus demonios internos, mismos que le pesan no solo a él, sino a todo aquel que esté alrededor y aún así, intenta sublevarse más de una vez; Kendall le tiene que hacer sombra a su hermano menor, Roman un hombre trastornado y pervertido que también está en busca de la aprobación de su padre y la sucesión que según él, le corresponde más que a sus hermanos, el papel trae de vuelta a uno de los Culkin y no precisamente a Macaulay, sino a Kieran que ha sorprendido bastante y quien seguro se lleva un Emmy a su casa en Septiembre; su otra contraparte es su hermana Shioban/Shiv Roy una mujer que se mueve en las esferas del poder como consultora política, pero nunca es suficiente y también quiere el que le puede dar, ser la sucesora de su padre, a Shiv la interpreta Sarah Snook.
El creador de Succession se da el lujo de tener en su elenco al mismísimo señor Darcy de Orgullo y Prejuicio, Matthew Macfadyen ahora convertido en el sumiso esposo de Shiv que también busca una buena posición para él; incluso podemos ver interesantes cameos como el de Adrien Brody o a Alexander Skarsgard como una especie de villano que se comió la cámara desde el primer minuto que sale. Cada personaje sabe lo que hace, incluso en una improvisación que ni siquiera se nota, los personajes convergen en un ambiente de lujo pero al mismo tiempo de conflicto puro que los hace tomar desiciones de una manera inesperada y eso es precisamente el punto álgido de Succession, nunca supimos el momento en que los personajes se iban a traicionar, a aliar o a matar (verbalmente hablando) con tal de conseguir un solo objetivo.
Succession tiene una peculiar forma d grabarse, la cámara parece seguir a los personajes de una manera "casera" como si estuvieras viendo un documental y hace zooms "torpes" a propósito captando las expresiones de quienes no están a cuadro en esos momentos pero que forman parte de la escena, este estilo fue marcado desde el inicio por Adam McKay, el director de Don't look up que estuvo detrás de la cámara del piloto de Succession y que además era productor junto a nada menos que Will Ferrell; todos estos elementos han jugado a favor de la historia de la familia Roy, si puedo agregar uno más sería la banda sonora de Nicholas Britell y ese tema de entrada fuerte, elegante y lleno de drama, muy al estilo Succession y aunque pudieras tirar la toalla en los primeros 3 capítulos, vale la pena continuar viendo (o si no la han visto aún) con el entramado que se desarrolla en Nueva York con cada uno de los integrantes de una de las familias más disfuncionales de la historia de la televisión, porque cada capítulo, en especial el 3 de la última temporada, es una cosa extraordinaria; ya saben que su gustado blog a veces peca de no ser nada objetivo pero tengo que decir que esta serie tiene definitivamente las tres 'B': Buena, Bonita y Brutal.




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